Crítica: El nuevo mundo

7 03 2009

el nuevo mundo poster

Título: The New World (El nuevo mundo) Director y guionista: Terrence Malick.
País: Reino Unido, USA.
Año: 2005.
Duración: 150 min.
Género: Drama, aventuras.
Intérpretes: Colin Farrell (John Smith), Q’ Orianka Kilcher (Pocahontas), Christopher Plummer (Capitán Newport), Christian Bale (John Rolfe), August Schellenberg (Powhatan), Wes Studi (Opechancanough), David Thewlis (Wingfield), Yorick van Wageningen (Argall), Raoul Trujillo (Tomocomo), Michael Greyeyes (Rupwew).
Música: James Horner.
Fotografía: Emmanuel Lubezki.
Montaje: Richard Chew, Hank Corwin, Saar Klein y Mark Yoshikawa.
Diseño de producción: Jack Fisk.
Vestuario: Jacqueline West.

El milagro estético del cine de Terrence Malick siempre fue plasmar de manera sublime y natural las tribulaciones de un puñado de personajes enfrentados a una situación límite. Visto así, sin otros matices, no parece que el suyo sea un estilo especialmente único, pero lo verdaderamente interesante de sus películas, el auténtico núcleo de su cine, reside en el hecho de contarnos una historia que ya ha sido contada otras veces pero excitando constantemente nuestra curiosidad mediante el empleo de un ritmo pausado y, sobre todo, de una mirada cargada de serenidad y poesía a remolque de su elegante puesta en escena y de su deslumbrante fotografía que se aleja ostensiblemente de cuantas hemos podido contemplar antes en la gran pantalla.

The thin red line   © UFD

The thin red line © UFD

Con La Delgada Línea Roja (The thin red line, 2002), sin ir más lejos, asistíamos a un episodio de la Segunda Guerra Mundial narrado hasta la saciedad por las factorías hollywoodienses, pero hay en ella un punto de vista inconfundible que la hace irresistiblemente sugestiva, al menos para mí, una perspectiva que nos obliga pronto a tomar partido ante lo que algunos han llegado a calificar de espectáculo monótono y tedioso…

En ella ofrece una visión intimista de la guerra del Pacífico de una manera tan personal que ha despertado la polaridad de opiniones, pero una vez hemos entrado en su particular universo y desvelado sus códigos visuales, nos pueden suceder dos cosas: que sintonicemos pronto con su cine, o por el contrario, que nos provoque el rechazo inmediato en cuyo caso jamás se podrá asumir su propuesta estética como lo que realmente es, es decir, como el espejo de una gran sensibilidad narrativa que se propone avanzar más allá de la simple iconosfera de un género popular para buscar nuevas conexiones con el espectador.

Con el estreno de El Nuevo Mundo, su cuarto largometraje en 30 años de trayectoria, Terrence Malick vuelve a recibir los ataques de cierta parte de la crítica, algo que sucede siempre que un cineasta sobrepasa los márgenes del convencionalismo e intenta remover algunos conceptos fundamentales del séptimo arte como el sonido o el montaje con unos replanteamientos innovadores.

El inclasificable cineasta, fruto de su insobornable predilección por la independencia en todos sus rodajes y de su inclinación por los excesos presupuestarios – como el empleo del carísimo celuloide de 65 mm en lugar del tradicional de 35mm – aborda en esta ocasión la popular historia amorosa que viven la joven piel roja Pocahontas y el capitán inglés John Smith con el arribo, en los albores del S. XVII, de tres barcos ingleses a las costas de Virginia, un momento histórico crucial para el entendimiento entre ‘indios’ y colonos en una América que empieza a mostrar los primeros signos de un conflicto, por desgracia, que aún sigue perdurando en nuestros días.

Nativos americanos en "El nuevo mundo" © New Line Cinema

Nativos americanos en "El nuevo mundo" © New Line Cinema

Malick nos relata ese conflicto: el que ocasiona la desconexión entre dos culturas, a través de las vicisitudes por las que atraviesan sus dos protagonistas en su empeño por sobrevivir a la incomprensión de uno y otro bando. Smith no comprende cómo su pequeño y estartalado ejército es incapaz de establecer un vínculo fraterno con la población de nativos powhatan y cómo estos indígenas, atados a sus férreas tradiciones, impiden también que ese acercamiento se produzca.

En medio de ese clima de continuos desencuentros, Smith y Pocahontas se erigen como víctimas propiciatorias de un mundo que se entrega a la codicia y al expolio generalizado como únicas fuentes para lograr riquezas y prosperidad.

Colin Farrel y Qorianka Kkilcher © New Line Cinema

Colin Farrel y Qorianka Kilcher © New Line Cinema

Cineasta experimentado en monumentales epopeyas donde el hermoso equilibrio visual converge con sus postulados temáticos y su obsesión con la naturaleza, Terrence Malick salvaguarda sus producciones del desconcierto de las plateas al rentabilizar cada uno de sus cuidadísimos fotogramas poblándolos con la presencia de todo un ejército de actores, extras y aislados cameos a cargo de grandes estrellas, algo muy usual en la década de los sesenta cuando la caída de los grandes estudios cinematográficos era inminente (Recordemos El Día más largo -1962- plagado de estrellas de Hollywood, o ¿Arde París? -1966- co-producción bélica con media Francia al frente del reparto que incluía diversas estrellas norteamericanas).

La cinta, de dos horas y media de metraje y escrita por el propio realizador, centra sus mejores bazas en las evocadoras pinceladas cromáticas retratadas por su cámara en exteriores selváticos y escorándose en la brillante dirección de actores, encabezados por un cada vez más poderoso Colin Farrell, el británico Christian Bale y Q’ Orianka Kilcher, además de un interminable elenco donde destacan también Christopher Plummer, Ben Chaplin, Jonathan Pryce, David Thewlis, John Savage o Wes Studi.

el-nuevo-mundo_04

Los tambores y la percusión suenan en el “soundtrack” de James Horner, uno de los más certeros maestros de la música cinematográfica de los últimos años, el elemento perfecto para dar el apropiado contrapunto al intenso drama que sufren los dos desdichados protagonistas de esta triste y romántica historia. Difícilmente pueda gustar a quienes paguen su entrada por ver una almibarada versión del clásico de Disney trasladado a imagen real.

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