Western se escribe con B

19 02 2009

stagecoach

Adentrándome a través del tiempo en la odisea del viejo Oeste americano, me subo a la caravana de A media Luz para secundarle en el rescate de algunas de las historias más grandes jamás contadas en imágenes y prevenir así el temible asalto al carro de nuestra memoria colectiva.

Tratando siempre de aportar lecturas diferentes a las tradicionales, esta aproximación particular al Western se distingue sobre todo por su carácter reivindicativo, pero sin abandonar ni traicionar el irrenunciable vagón de los pantallazos emocionales.

Abriendo nuevas perspectivas cinéfilas que contradicen los parámetros más convencionales y políticamente correctos del género, he ido desgranando desde un enfoque personal algunos títulos que se sumergen en las profundidades de la ensoñación, el barroquismo, el exceso y el esteticismo próximos a la serie B en cuyos cultivos han surgido algunas de las más apreciadas obras del Séptimo Arte.

–ooOoo– GÉNESIS DEL WESTERN –ooOoo–

A falta de mayor espacio temporal que albergara un pasado con que alimentar los pilares de la población norteamericana, se halló en otros espacios, los del lejano Oeste, un legado histórico recurrente donde el cine pudo encontrar un filón inagotable de historias para satisfacer la continua demanda de mitología. Así nace el Western, cuya historia es tan amplia como el ancho mundo y sólo podría definirse como una crónica de conquista y desintegración.

El avance de la colonización y el progreso hacia los inexplorados territorios occidentales según los bienpensantes colonos americanos, trajo consigo una confrontación de ideales tan pronto como hace eclosión la eterna lucha por la superviviencia.

Como quiera que los espacios sin conquistar escapaban a los márgenes de la Ley y la civilización moderna, la aparición de nuevos pobladores sembró la amenaza con la llegada de forajidos y, de otro lado, el ataque de los ‘salvajes indios’, donde se llega a difuminar la frontera entre invasores e invadidos. Y todo dentro de un contexto histórico que apunta al Siglo XIX y que, en términos cinematográficos, impulsa el desarrollo de un género que transcribe lo acontecido en las vastas llanuras del lejano Oeste.

–ooOoo– EL WESTERN, UN TREN DE LARGO RECORRIDO –ooOoo–

Para lograr entender y asimilar el Western habría que trazar una vía imaginaria por la Historia del Cine a través de la particular cosmovisión de sus autores más representativos; Desde los pioneros como Allan Dwan y Cecil B. De Mille, pasando por el clasicismo de John Ford, Raoul Walsh, Henry Hathaway o Howard Hawks hasta llegar a la complejidad psicológica de Anthony Mann, Delmer Daves y William A. Wellman, la vertiente crepuscular de Sam Peckinpah, la admiración de Bud Boetticher y las últimas alegorías de final de Siglo de Clint Eastwood.

Ya en los albores del cine despuntaron las primeras muestras del género, como la conocida <Asalto y robo de un tren>, en 1903, seguida de una numerosa batería de títulos allá por los violentos años veinte. Pero no fue hasta la llegada de los años cincuenta cuando el Western alcanzó su época de oro.

Unas veces, como respuesta de los grandes estudios a la emergente demanda popular de aventura; otras, como un espacio narrativo más donde muchos de los autores podían pergeñar los grandes conflictos de siempre. De ahí la existencia de numerosos filmes que introducían elementos temáticos y estilísticos procedentes de otros géneros sin que por ello se viesen afectados los códigos tradicionales del Western.

Como <Las furias> (The furies, 1950), de Anthony Mann, magnífico film a caballo -y nunca mejor dicho- entre el cine de gángsters y del Oeste que ofrecía como factor innovador un protagonismo absoluto de la figura femenina asumiendo un rol que hasta entonces sólo parecía reservado a los hombres. La dama en cuestión era Barbara Stanwyck.

Con igual fortuna repitieron otras ilustres féminas de armas tomar como Marlene Dietrich en <Rancho notorius> (1952), de Fritz Lang; Joan Crawford en <Johnny Guitar> (1953), de Nicholas Ray; Jane Russell en <Montana Belle> (1954), de Allan Dwan o Veronica Lake en dos extraños westerns: <Ramrod> (La mujer de fuego, 1947), dirigida por André de Toth y <Stronghold> (1952), cuyo rodaje en México dio lugar a dos versiones distintas, una de ellas con Sara Montiel. Recordemos que la actriz española ingresó en la mitología del Western con dos títulos imprescindibles: <Yuma> (Run of the Arrow, 1957), de Samuel Fuller y <Veracruz> (1955), de Robert Aldrich, en este último junto a Gary Cooper y Burt Lancaster.

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Coincidiendo con la caída del ‘Star-System’ en los años 60, el Western constituyó el último refugio de las estrellas que aún se resistían ante la pavorosa crisis que estaba sacudiendo a Hollywood. Se impulsó la gestación de superproducciones de gran empaque con repartos multiestelares a fin de darle al público el espectáculo que la Televisión no podía ofrecer.

Así pasaron a la posteridad títulos como <Los siete magníficos> (1960) y <La batalla de las colinas del whisky> (1965), ambas de John Sturges; <Cimarrón> (1960), de Anthony Mann; <El último atardecer> (1961), de Robert Aldrich; <La conquista del Oeste> (1962), de Hathaway, Marshall y Ford; <El gran combate> (1964), de John Ford; <Ataque al carro blindado> (1967), de Burt Kennedy; <El Dorado> (1967), de Howard Hawks o <El día de los tramposos> (1970), de Joseph L. Mankiewicz.

–ooOoo– MIS DOCE PELÍCULAS DEL OESTE –ooOoo–

1. <Union Pacific> (1939), de Cecil B. De Mille

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El primer western de proporciones épicas lo filmó el gran especialista en gigantescas epopeyas Cecil B. De Mille, uno de los primitivos del Séptimo Arte, precisamente en un año clave para el cine en general y para el género Western en particular.

Frecuentemente se atribuye a <La diligencia> (1939), de John Ford, el nacimiento del Western clásico, pero fue De Mille quien dotó al género del dinamismo, de la épica y del artificio necesarios para elevarlo a la categoría de gran espectáculo, un planteamiento a menudo infravalorado pero tan válido como el regio academicismo de su colega Ford.

El trasiego de las grandes masas de colonos y forajidos en su expansión hacia el Oeste tras el tendido de la famosa línea de ferrocarril para unir los estados de la nación, alcanza tintes bíblicos y De Mille nos presenta en el transcurso de la odisea algunas historias paralelas, duelos y una famosa estampida de búfalos con ejemplar dominio de la cámara y una pareja de intérpretes que entraron a formar parte en la iconosfera del género: Joel McCrea y Barbara Stanwyck.

2. <Oro, amor y sangre> (Virginia City, 1940), de Michael Curtiz

Guinn Williams, Humphrey Bogart and Errol Flynn star in "Virginia City".

Guinn Williams, Humphrey Bogart and Errol Flynn star in "Virginia City".

A dos años vista del estreno triunfal de <Casablanca> (1942), el realizador Michael Curtiz probó suerte en el género de aventuras y el Western con la pericia y el lustre de los grandes artesanos, proporcionándole a Errol Flynn algunos de sus mejores trabajos, <La carga de la brigada ligera> o <Camino de Santa Fe>, entre los más reconocidos. Escogí <Oro, amor y sangre> porque me divierte, por devoción hacia Michael Curtiz y por el enorme placer de ver cabalgar juntos en un solo filme a Flynn, Randolph Scott y Humphrey Bogart. Concebida como una secuela de <Dodge, ciudad sin Ley> (1939), mantiene intacto su ritmo trepidante, sus explosivas actuaciones y la gloriosa escenografía de las producciones Warner en la denominada “era del director”.

3. <Western Union> (1941), de Fritz Lang

Theatrical Release: January 31, 1941 (New York City, New York)

Theatrical Release: January 31, 1941 (New York City, New York)

Menos popular que otras películas del género dirigidas por Lang, como <Encubridora> o <La venganza de Frank James>, este excelente western que en España se tituló <Espíritu de conquista>, sigue la estela del filme de Cecil B. De Mille citado anteriormente, <Unión Pacífico>, aunque más intimista que aquél.

El pretexto argumental en esta ocasión era prolongar la línea de telégrafos hasta los confines del Oeste para extender el progreso entre los estados de reciente colonización. Siempre me había fascinado desde que pude verla hace ya algunos años en un ciclo televisivo a Randolph Scott, protagonista de esta historia que Fritz Lang decide orientar hacia los personajes, especialmente el que interpreta Scott, un ex-convicto que trata de buscar su reintegración cuando es contratado por la Western Union para custodiar el cargamento frente al posible ataque de bandoleros y, cómo no, de los indios.

No podría olvidar el plano-secuencia final donde la cámara resume, como en el mejor cine mudo, la vida del hombre que contribuyó al ambicioso proyecto, haciendo un recorrido desde un poste de telégrafos hasta la tumba que yace a sus pies, un leve giro hacia el ferrocarril que ayudó a custodiar y, otra vez hasta la tumba, bajo un cielo crepuscular.

4. <The Ox-Bow incident> (1943), de William A. Wellman

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De entre la abundante filmografía de Henry Fonda, con westerns tan destacables como los que rodó a las órdenes de John Ford, por ejemplo, me impresionó profundamente esta desesperanzadora historia real sobre un linchamiento que se quiere ver como un alegato contra la pena de muerte.

El tiempo ha situado con la justicia que merece este título indispensable de un género y un director, William A. Wellman quien, al igual que Delmer Daves o Allan Dwan, le fue negado su cetro junto a los grandes maestros del Western, acaso por un estilo anticipado a su tiempo y desmarcado de los convencionalismos de la industria de Hollywood.

Estructurado mediante un esquema narrativo complejo que contrapone la sobriedad de su puesta en escena con la hondura de su mensaje humanista, William A. Wellman nos regala un western brutal, casi metafísico, donde Henry Fonda ya mostraba la evidencia pública por qué está considerado uno de los mejores actores de todos los tiempos.

5. <Juntos hasta la muerte> (Colorado Territory, 1949), de Raoul Walsh

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Siendo Raoul Walsh uno de los autores más prolíficos del Western, esta elección ha sido la más difícil de escoger porque su obra está repleta de innumerables clásicos. Entre otras cosas, me ha motivado especialmente el tratamiento desatado, casi expresionista, de los decorados y exteriores, integrados como un personaje más de la trama, que al parecer es retomada de otro título anterior del director, <El último refugio>. Walsh traslada desde las aguas pantanosas del cine negro a los postulados del Far-West el asunto del bandido retirado y Joel McCrea, el antihéroe, vive una violenta historia de amor con una apasionada mestiza entre las ruinas de una ciudad fantasma.

 Virginia Mayo estuvo vibrante junto a McCrea en esta aventura tensa, llena de momentos electrizantes, que rescataba el aliento fantasmagórico, cercano a lo surreal, de otro título maestro de Walsh: <Pursued> (1947).

6.<Ambush> (1949), de Sam Wood

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Como ocurriera poco tiempo después con <Raíces profundas>, (Shane, 1953), de George Stevens, <Ambush> es un western legendario que se instaló directamente en el corazón de los espectadores norteamericanos. Corrían buenos años para el cine del Oeste porque, además, este título se colocó entre los más taquilleros de la década. Cuando la vi me atrapó enseguida, aunque el argumento era simple y exponía una pésima costumbre de los apaches: Raptar mujeres tan hermosas como Arlene Dahl a las que tiene que defender Robert Taylor con su gallardía acostumbrada.

Lo que a todas luces iba a ser un entretenimiento más de la factoría Metro Goldwyn Mayer para mayor gloria de la bellísima Arlene Dahl, se convirtió, por obra y gracia de su director, Sam Wood, y el trío protagonista (el otro era John Hodiak), en un filme intenso y memorable con lecturas soterradas.

7. <Montana Belle> (1952), de Allan Dwan

Jane Russell en Montana Belle

Jane Russell en Montana Belle

Lanzada al estrellato en <The Outlaw>, el polémico western de Howard Hugues que la mostraba retozando sobre un pajar con expresión libidinosa, la ciclópea Jane Russell gozó de una inmensa popularidad en el terreno del mejor Western en virtud de una poderosa personalidad que la situaba a la altura de los más rudos oponentes masculinos. Raoul Walsh la aprovecharía para enfrentarla con sus propias armas a Clark Gable en <Los implacables> (The Tall Men, 1955), otro gran referente del género, pero antes pudo explotar sus rasgos más irónicos en el jugoso papel de la pistolera Belle Star en un film atípico de Allan Dwan cuyo título español es <La Bella de Montana>, que conoció cierto éxito pese a su exhibición en Blanco y Negro tras perderse el negativo original filmado en “Trucolor”.

La llegada de Belle Star a una pequeña localidad de Montana provoca la segregación de una banda de atracadores que sembraba el pánico con sus constantes asaltos a diversas compañías de seguros. La justiciera tomará las riendas del grupo de vándalos desertores con el fin de abortar el último golpe.

Con semejante argumento, las posibilidades de juego eran infinitas y la peripecia es narrada por el veterano Allan Dwan utilizando la pantalla ancha con magisterio y una inventiva visual que debería servir para desempolvar algunas de sus mejores películas.

8. <Hombres violentos> (The Violent Men, 1955), de Rudolph Maté

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No sólo es uno de los títulos que más me gustan. A mi entender es de los que alcanzan el culmen en pleno apogeo del Western psicológico, firmado por Rudolph Maté en su mejor época que aquí emplea una portentosa fotografía en Cinemascope para jugar con unos personajes estereotipados más propios del Cine Negro que del Western.

Y para ello contó con un trío de ases del ‘Star System’: Glenn Ford es el americano tranquilo que se ve presionado para abandonar unas tierras dominadas por un inválido y déspota Edward G. Robinson a quien intenta liquidar su perversa esposa, la siempre excepcional Barbara Stanwyck. Un western turbador y sombrío, poblado de personajes ambiguos, donde el realizador entremezcla de forma ejemplar algunos tópicos del género negro, como el recurso de la venganza, los clanes poderosos o los mercenarios. La secuencia final del voraz incendio provocado por la Stanwyck es de antología.

9. <El tren de las 3:10> (3:10 to Yuma, 1957), de Delmer Daves

the 3:10 train at the end of the film

the 3:10 train at the end of the film

En no pocas historias se puede encontrar una variante del héroe que gusta mucho a los americanos: el de la heroicidad involuntaria que se adopta bajo presión por circunstancias externas, el hombre pacífico que es desplazado hacia una aventura imprevista. El Western no ha recurrido demasiado a este tipo de héroes amenazados pero dejó su mejor rastro en una de sus obras maestras indiscutibles, <El tren de las 3.10>. Glenn Ford estuvo perfecto como el forajido que es apresado por un granjero cazarrecompensas (Van Heflin) que debe conducirle en el tren del título con destino a Yuma para que sea juzgado por un crimen. Todo este recorrido se presenta bajo una ambientación onírica muy habitual en Delmer Daves, y un uso del plano original que agudiza la intriga de un acontecimiento dramático al siguiente.

10. <Forty Guns> (1957), de Samuel Fuller

Barbara Stanwyck en Forty Guns

Barbara Stanwyck en Forty Guns

En la medida que mi insaciable curiosidad maduraba la apertura a nuevas referencias cinéfilas, la búsqueda de este western innovador de Samuel Fuller me obsesionaba hasta que encontré una copia lanzada por Filmax en formato DVD.

Este filme trasciende mejor que ningún otro los resabios visuales de un cineasta inclasificable como Samuel Fuller, y ya desde sus percutantes y sorprendentes títulos de crédito es fácil adivinar que estamos asistiendo a un torbellino.

Una vez más, Barbara Stanwyck da vida a un personaje fascinante, la temible Jessica Drummond, una poderosa mujer que dicta su propia ley en una localidad de Arizona adonde acude un nuevo sheriff para investigarla sobre presuntas irregularidades de pago de impuestos.

A medida que el cerco se va cerrando sobre Jessica y sus cuarenta sicarios, Fuller nos arrastra hacia una espiral de violencia que se desata de forma virulenta en un estado de locura narrativa y desmesura estilística que el director despliega sin respiro durante 80 inolvidables minutos. Huelga decir que es mi western predilecto.

11. <El hombre del Oeste> (Man of the West, 1958), de Anthony Mann

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Con este western fronterizo Anthony Mann escribe uno de los capítulos más significativos de toda la historia del género porque nos cuenta una historia de redención, de mirada al pasado y de sombras acusadoras como nadie lo había hecho antes, a través de un espléndido trabajo de madurez de su protagonista, Gary Cooper, muy superior, al menos para mi gusto, que el personaje que interpretó en su gran éxito <Solo ante el peligro> (High Noon, 1951), de Fred Zinneman.

12. <Duelo en la alta sierra> (Ride the High Country, 1962), de Sam Peckinpah

highcountry

Para muchos es la obra cumbre del Western crepuscular. Para otros amantes del género supuso un feliz reencuentro con dos viejos amigos, Randolph Scott y Joel McCrea, reunidos por Peckinpah en un homenaje nostálgico y maravilloso al Western y a dos de sus más distinguidos intérpretes.

La poética del ‘has been’ destaca en esta historia contada con arrojo entre escenarios impresionantes y gira en torno a dos maduros pistoleros que deben custodiar un cargamento de oro a su paso por territorios inhóspitos, en el que puede ser su último viaje juntos.

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2 responses

21 02 2009
Bitacoras.com

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Esta anotación ha sido propuesta por un usuario para ser votada en Bitacoras.com.
Para que el proceso finalice, deberás registrar tu blog en el servicio….

22 02 2009
Bitacoras.com

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Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….

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