El Capitán Trueno a escena

3 02 2009

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Para un servidor al menos, la niñez es ese desván secreto e íntimo donde un niño tímido como yo imaginó el mundo a su imagen y semejanza, emprendió las que a la postre serían sus únicas correrías y forjó sueños que más tarde se habrían de desvanecer.

En aquel tiempo no había osadía imposible ni hazaña temeraria. Todo era posible en mi imaginación al igual que en aquellos tebeos de héroes que hacían volar mi fantasía a través de aquel túnel del tiempo construído de evocadoras imágenes.

Entre aquellos comics uno de mis más recordados es el del Capitán Trueno, aquel caballero fuerte, valiente y apuesto, defensor de nobles ideales, siempre acompañado por sus leales Goliath y Crispín y eterno novio de Sigrid, Reina de la Isla de Thule que compartía heroicidades con el gran capitán y sus amigos.

La verdad es que ahora con perspectiva se me antoja incluso bastante avanzado para la época y la censura entonces rampante, presentando una mujer que dirigía su propio reino y compartía hazañas con el héroe.

Sin querer darle más trascendencia de la real, lo curioso es que ese prototipo de mujer, en lo independiente y valiente, terminó por ser de alguna manera mi ideal de mujer también en la vida real.

Aún de vez en cuando hojeo con nostalgia aquellas historietas que la casualidad recupera para mí en el camarote de mi casa familiar o en alguno de los pocos kioskos que van quedando.

El caso es que después de varios intentos fallidos – recuerdo en particular el de Juanma Bajo Ulloa- el Capitán Trueno tendrá finalmente su réplica cinematográfica en la cinta que bajo dirección de Pau Vergara empezará a rodarse esta misma primavera en los estudios alicantinos de “La Ciudad de la Luz” con la Disney como distribuidora.

Aún con todo, opino que este tipo de personajes viven mejor en el sutil universo de la imaginación que en la traslación a la obviedad de la realidad, siempre más tosca y limitada.

Nunca he entendido, por ejemplo, ese empeño en representar a los Reyes Magos en carne y hueso. Yo por lo menos nunca los necesité de tal gisa, y es que siempre preferí imaginarlos a mi antojo, distantes, “mágicos”, sublimes… y desde luego sin pelucones ni barbas de guata, ni representados por negritos de verdad, tan políticamente correctos e irreales como aquellos que en mi niñez se tiznaban con betún.

Bueno, con el asunto de los reyes, hasta tal punto fue la fuerza de mi ilusión que por más que mis compañeros se afanaban en confesarme el “engaño”, envidiosos del placer que aún me proporcionaba mi fantasía, no me bajé del burro hasta que me dio la santísima gana, que muy santa debió ser por lo que se hizo de rogar. Y lo disfruté como un campeón. Ahora por lo visto lo más progre es “no engañar” a los niños…

Volviendo al hilo, si hilo hay, lo cierto es que aquellos héroes y personajes fueron tan perfectamente modelados por mi imaginación que procuro mantener la distancia ante nuevas reinterpretaciones, consciente que es tarea inútil recuperar aquel sugerente mundo onírico de aventuras en otro terreno que no sea mi recuerdo.

Lo de menos es que Elsa Pataky sea la nueva Princesa de Thule. Atractiva al menos lo es, aunque mi Sigrid tenía mucho más carácter que el que la Pataky me ha demostrado nunca. Pero que por arte de birlibirloque el españolísimo Capitán Trueno se me transmute en The Thunder Captain y que me vaya a hablar en el idioma del imperio de los imperios pues ya termina por descuadrarme.

Como tampoco encajé de buen grado en su día que laFrida de Julie Taymor y Salma Hayek se rodara en inglés. Entre otras razones, porque soy de los que piensan que el cine como manifestación artística está muy relacionado con las emociones, y el idioma forma parte inequívoca de esta percepción emocional del mundo.

Pero, como lo que vale en la industria del cine es vender, pues para qué hablar más. Así que cuando me cuentan que Víctor Mora, creador del personaje, va a supervisar el guión para garantizar la fidelidad al espíritu de los personajes y de la historia, me desternillo. No sé que fidelidad se le puede pedir a un trabajo que parte de obviar algo tan importante como el propio vehículo de expresión.

Bueno, veremos si al menos funciona como película de aventuras y gusta a los niños de ahora, a esos niños que nunca leerán el Capitán Trueno y que cada vez imaginan menos porque nos obstinamos en imaginar por ellos.

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