Crítica: Los falsificadores

17 03 2008

Los-falsificadores

Título Original: Die Falscher
Título Original: Los falsificadores
País: Austria, Alemania
Año: 2007
Duración: 98 min.
Género: Drama.
Director: Stefan Ruzowitzky
Guionista: Stefan Ruzowitzky; basado en la novela “The devil’s workshop”, de Adolf Burger
Intérpretes: Karl Markovics, August Diehl, Devid Striesow, Martin Brambach, August Zirner, Veit Stübner, Sebastian Urzendowsky, Andreas Schmidt, Tilo Prückner, Marie Bäumer
Fotografía: Benedict Neuenfels
Música: Marius Ruhland
Estreno en España: 14/03/2008
Página oficial: http://www.thecounterfeitersfilm.com/

Esta película que viene avalada por el Óscar a la mejor película de habla no inglesa y el, a mi juicio, justo premio al Mejor Actor de la Seminci para Kart Markovics no pasará por ser una obra de referencia en el género pero tampoco engrosará el nutrido grupo de cintas oportunistas que han exprimido gratuitamente el funesto episodio histórico del Tercer Reicht.

Esta coproducción austro-germana inspirada en la novela autobiográfica “The devil ‘s workshop” de Adolf Burger, impresor eslovaco testigo de los hechos que se narran, nos relata con alguna que otra licencia creativa (desafortunada en el cierre) algunos de los avatares de la denominada “Operación Bernhard”, una de las más exitosas operaciones de falsificación del régimen nazi y entre cuyos objetivos principales se contaban la desestabilización de la economía inglesa y la financiación de la Gestapo y las SS, así como diferentes acciones de espionaje.

Die-Falscher


Así pues tras una impecable y prometedora presentación, un flash back de inicio nos remontará al año 1944 en el cual el célebre falsificador ruso de origen judío Salomon Smolianoff diera con sus pies en la “Jaula de Oro” del bloque 19 del campo de concentración y exterminio de Sachsenhausen, próximo a Berlín, en cuyo taller secreto de falsificación se habría de aprestar a la consecución del dólar estadounidense junto con otros 140 “trabajadores altamente esenciales” (impresores, dibujantes, tipógrafos…), todos ellos judíos reclutados a la fuerza para tareas de falsificación de moneda y documentos.

Tampoco es que la cinta aporte nada sustancialmente novedoso a la ya trilladísima y siempre sugestiva crónica del holocausto y la eufemística “solución final”. Una vez más, se nos presenta como elemento sustantivo de la trama el eterno dilema entre la supervivencia como premisa capital o el sacrificio de la propia existencia en la presentada como coherente defensa de algún tipo de ideario, como si la salvaguarda de la propia vida no fuera de por si un noble empeño.

Los dos personajes que polarizan esta disyuntiva existencial serán fiel reflejo de esta dicotomía. Solly, el falsificador, resume a las claras su pensamiento cuando dice “Prefiero morir gaseado MAÑANA a que me disparen hoy aquí sin sentido”.

En el otro extremo de la balanza, el personaje de Adolf Burguer que encarna al autor de la biografía, representa el papel de aquellos que se resisten a colaborar con el opresor y reivindican el sabotaje: “El sistema de los nazis funciona precisamente por ese tipo de actitudes”, afirma en clara alusión al colaboracionismo.

Counterfeiters


No obstante, este planteamiento maniqueo de partida quedará afortunadamente matizado a medida que se desarrolla la trama dando paso a una ambivalencia en el perfil de los personajes, de lo cual es manifiesto reflejo la inversión de los valores de la generosidad y del egoísmo en los dos protagonistas que encabezan el grupo de falsificadores.

Curiosa es también una escena en la que sutilmente se nos transmite cómo uno de los presos, viendo próxima la victoria de los aliados, parece acongojarse con tal circunstancia en la certeza de que el fin de la contienda y la derrota de los alemanes significará también su fin, lo que demuestra una vez más que la vida, aún en las peores circunstancias, es el más preciado don al que el ser humano se aferra irremisiblemente.

Más allá de esta oportunidad para reflexionar sobre la siempre compleja condición humana y del testimonio de un suceso histórico real, quizás lo que más me ha llegado ha sido el propio tratamiento de los hechos, que sin escatimar en escenas contundentes ha hecho posible engarzalas con criterio de idoneidad.

Y es que a pesar de la insistente paleta en sepia que apenas logra dar color a la dramática realidad, esta trágica historia es hábilmente mitigada por un hilo argumental atractivo y entretenido, encuadrado en una esmerada fotografía y arropada certeramente a su vez por una oxigenante banda sonora que pone el contraste justo.

Maria-Baumer


Lástima que no llegue a conectar en el terreno de lo emocional, así como algunas lagunas en el guión que hacen que la credibilidad de los hechos se vea ligeramente resentida. De cualquier manera es una película notable que no defrauda aunque tampoco remata.

Sin desaconsejar su visionado, todo lo contrario, he de reconocer que entre las últimas cintas sobre el género me inclino más por la poesía visual de Sin destino de Lajos Koltai o el polivalente dinamismo de El libro negro de Paul Verhoeven.

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