Crítica: La señal

1 11 2007

TITULO ORIGINAL: La señal
AÑO: 2007
DURACIÓN: 95 min.
PAÍS: Argentina
Género: Drama
DIRECTOR: Ricardo Darín, Martín Hodara
GUIÓN: Eduardo Mignogna
DIRECCIÓN MUSICAL: Juan Ponce de León
MÚSICA: Andrés Goldstein; Daniel Tarrab
FOTOGRAFÍA: Marcelo Camorino
REPARTO: Ricardo Darín, Diego Peretti, Julieta Díaz, Andrea Pietra, Vando Villamil, Carlos Bardem, Luis Solanas, Walter Santa Ana, Luciano Cáceres, Martín Slipak
PRODUCTORA: Pampa Films.

El pasado año se cobró dos muertes muy sentidas en el mundo cinematográfico argentino. Primero fue un infarto el que se llevo al autor de Nueve reinas (2000) Fabian Bielinsky, poco más tarde le tocaría el turno al fantástico cineasta y escritor, Eduardo Mignogna, que quizá aquí recuerden muchos por El Faro del Sur (1998) o La Fuga, ambas galardonadas en los Goyas.

La parca llamó a la puerta de Mignogna cuando éste se encontraba en plena tarea de preproducción de La Señal, cinta cuyo guión se basaba en una novela homónima del propio realizador. Ante esta fatalidad, Ricardo Darín, a quien unían a Mignogna lazos de amistad tomó el relevo de éste en las tareas de dirección con la colaboración de Martín Hodara, amén de su trabajo como protagonista, rindiendo un homenaje póstumo al que fuera su amigo y gran creador.

Habida cuenta de las circunstancias en que se hizo cargo del proyecto y la bisoñez consustancial al que se inicia en nuevas lides, hay que reconocer que los resultados son lo suficientemente dignos como para observar que Darín aparte de ser un magnífico actor, como vuelve a demostrar en esta cinta, no ha desaprovechado la ocasión de aprender de los maestros que le han dirigido.

La señal es toda ella un enorme guiño al cine negro de los años 40 y 50, que incorpora con gusto y detalle una amplia y abigarrada muestra de los estereotipos de este subgénero del thriller que viene en llamarse film noir.

El color desvaído y tenue de la atmósfera que recrea Darín ambientará una historia perfectamente previsible donde no faltará el detective desengañado y solitario, los sangrientos ajustes de cuentas entre mafias, los ambientes sórdidos y, por supuesto, la femme fatal y hermosa que cual mantis religiosa devorará con fruición a una víctima que en su fuero interno sabe bien de su destino. “Pibe, esa mujer no tiene buena música” le avisará al incauto protagonista infructuosamente su amigo y compañero.

Darín no escatima en sombras, sombreros de ala, volutas de humo, frases sentenciosas, salas de billar, cafetines de época, ráfagas de metralleta, citas nocturnas en rancias estancias, persecuciones cegadas por la lluvia… Todo es oscuridad, todo es negrura. Imágenes difusas, perfiles recortados por las tinieblas, contrastes continuos de sombras y penumbras, diálogos con figuras semiocultas…

La corrección técnica y despliegue visual obtiene tan buena nota que atenúa una evidente levedad en la tensión dramática de la historia que no obstante discurre más que correcta por las vía de lo convencional de la mano de una notable interpretación tanto de Ricardo Darín, como especialmente de Diego Peretti.

No puedo decir lo mismo de Julieta Díaz, que sin llegar a desentonar no termina de hacerse con el registro de mujer seductora, misteriosa y cínica, quizás llevada de un celo excesivo en comedir su habitual histrionismo para conseguir la austeridad que el personaje le requiere.

Aún y con todo doy por bien pagada la entrada ya que aunque demasiado encorsetada recupera ese regusto añejo de los viejos y buenos vinos.

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