Crítica: CRAZY

16 07 2007
Crazy-cartel
Título: Crazy
País: Canadá
Año: 2005.
Duración: 125 min.
Género: Drama, comedia
Director: Jean-Marc Vallée
Intérpretes: Michel Côté (Gervais Beaulieu), Marc-André Grondin (Zachary Beaulieu), Danielle Proulx (Laurianne Beaulieu), Émile Vallée (Zachary Beaulieu, niño), Maxime Tramblay (Christian Beaulieu), Pierre-Luc Brillant (Raymond Beaulieu), Alex Gravel (Antoine Beaulieu), Félix-Antoine Despatie (Yvan Beaulieu).
Guión: Jean-Marc Vallée y François Boulay.
Fotografía: Pierre Mignot
Estreno en Canadá: 27/05/2005
Estreno en España: 4/08/2006

Aunque no es fácil encontrar en cartelera títulos que inviten a propuestas diferentes a las de la machacona mercadotecnia hollywoodiense, de vez en cuando hay gratas sorpresas como la que nos ocupa.

Se trata de C.R.A.Z.Y. (ChristianRaymondAntoineZacharyYvan), una película canadiense del director de Liste noire Jean-Marc Vallée, que a tenor de lo visto hubiera merecido mejor suerte en la pasada edición de los Oscar, donde ni siquiera pasó la preselección de las 5 mejores películas de habla no inglesa.

Y desde luego el mérito de esta obra no radica en su argumento, bastante manido por otra parte, en la línea de Léolo, donde se nos cuentan las aventuras y desventuras de una familia corriente de un barrio periférico de Québec en la década de los 60 y los 70, y en particular el periplo personal de uno de los hijos que tiene la dicha o desdicha de ser homosexual.

Hasta aquí nada llama a la sorpresa, menos aún en unos tiempos en que la temática homosexual parece que se ha convertido en buen reclamo comercial. La sorpresa estriba en el tratamiento tan particular que se hace de dicha cuestión. Y es que el uso de las formas de una manera determinada puede hacer que un contenido insulso se convierta en algo apetecible.

O a lo mejor es que la época evocada en la cinta me transporta a esa patria siempre añorada que es la niñez y perturba mi sentido crítico, pero el caso es que me parece que la historia se cuenta con una frescura, una ternura, un realismo y una humanidad dignas de mención, incluso, por momentos, con humor.

Probablemente, y añado yo, lamentablemente, ser homosexual en ocasiones se convierte en un drama, pero al igual que pueden convertirse en un drama tantas y tantas circunstancias de nuestra historia vital. Eso parece querer decirnos su autor.

El principal obstáculo hacia una vida si no más feliz si más plena somos nosotros mismos. Y no es tan difícil. Sólo debemos aprender a respetar a los demás y a la diferencia. Es un sencillo ejercicio de tolerancia. Pero para ello en muchos casos tenemos que desprendernos de las muchas secuelas que nos ha dejado la cultura judeocristiana que nos ha marcado a sangre y fuego la cultura del pecado y la represión.

Y en definitiva esa es la historia que se nos pretende transmitir de una manera real pero nada dramática ni tendenciosa: la lucha por la felicidad y las batallas internas de todos los personajes por el simple hecho de no aceptar la realidad tal y como es.

La canción de Charles Aznavour con la que el padre de la familia martillea navidad tras navidad a sus seres queridos es una reivindicación por esa búsqueda infructuosa de la felicidad: Emmenez-moi au bout de la terre,emmenez-moi au pays des merveilles. Il me semble que la misère serait moins pénible au soleil.
(Llévame al fin del mundo, llévame al país de las maravillas. Me parece que allí, al sol,la miseria sería menos dolorosa.)

Para contarnos esta historia Jean-Marc Vallée, tomando como base su propia experiencia vital y en particular la de su coguionista François Boulay, materializa una dirección de actores notable, manejando escenas donde llegan aparecer hasta 50 extras en una reducida estancia, escenas que siempre quedarán retenidas en mi retina, por ejemplo las fascinantes escenas de las fiestas de Navidad. Momentos álgidos de la película.

Es cierto que en algún momento la película da la sensación de enfoscarse y perderse en senderos sinuosos, haciendo requiebros entre imágenes psicodélicas y retazos oníricos, pero rápidamente vuelve a envolverte y te obsequia de rato en rato con fotogramas deliciosos.

Los actores están en sobresaliente y su implicación dota a la cinta de una veracidad inusitada. Destacan a mi parecer Marc-André Grondin que borda el papel del padre y Michel Côté en el rol protagonista con unas transformaciones camaleónicas espectaculares que destacan la magnífica labor de caracterización.

Aunque haya pasado más desapercibido para la crítica me parece reseñable la actuación de Danielle Proulx en el papel de la madre. Verdaderamente auténtica. Y tampoco me olvidaría aunque en un segundo plano al hermano mayor interpretado por Máxime Tremblay.

Y todo ello con una banda sonora de lujo, ahí están Patsy Cline con el tema que da título e hilaridad a la película, la interpretación por parte del protagonista de Space Oddity de David Bowie, Pink Floyd, los Rolling Stones. Charles Aznavour…

Y algunos se quejan que para contar eso no hacen falta 2 horas. ¡Ni que fuera el cine una contra-reloj! Pues yo he disfrutado las 2 horas y una vez de pagar mientras sean capaces de retener mi atención me pueden tener la velada entera. ¡Faltaría más!

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